DE LIBROS
He llevado casi todo el verano sin compartir con mi querida almohada esos momentos mágicos previos al sueño, a veces los únicos de que dispongo en los agotadores días de trabajo, en los que me dedico a intentar leer unas páginas de algún libro, los viajes y mi pequeño éxodo de fin de semana a la playa lo han hecho imposible; aun así os diré que, desde hace un tiempo y por la falta del mismo, selecciono cada vez más lo que quiero leer para mi evasión, que de las lecturas obligadas por razón de trabajo no puedo hablar, aunque a veces se intercalan ambas y me son gratas a la par.
Entrando la canícula terminé la historia novelada de Inés del alma mía, donde Isabel Allende, maestra literaria de la que soy gran admiradora, me ha trasportado a la conquista del Nuevo Mundo con una pericia poco habitual; el tema de la historia da para mucho en las novelas, pero pocas veces se aúna literatura y conocimiento de la materia de tan buen modo, hace tiempo dejé de leer tanto pestiño como se publica bajo la denominación de un género tan de moda y con el que tantos “novelistas” aficionados se empeñan en hacer su agosto (nunca mejor dicho). Y si bien empecé el verano con este estilo, pero en serio, lo último que he leído, en apenas tres días, es una sátira al mismo deliciosa y mordaz de Eduardo Mendoza, El asombroso viaje de Pomponio Flato. Cuanto tiempo que no me reía con una lectura¡¡¡¡ os aseguro que la carcajada surtía franca e irreprimible en algunos pasajes. Gracias D. Eduardo, es muy probable que de haber más escritores de su talante el mundo fuese mucho más digerible.
El gabinete de las maravillas, de Alfonso Mateo-Sagasta, fue otra de las novelillas veraniegas, intriga en escenario histórico bien amueblado y ambientado, que entretiene y a ratos divierte. Sin transcendencia, pero agradable su lectura.
Como ya sabe mi buena almohada, por que puede ver en mi mesilla los libros apilados durante meses, procuro tener varios en danza, y en estos momentos el libro intermitente es Dafne y ensueños, del también gran maestro Torrente Ballester, de sus últimas producciones y en la cúspide de su onírico barroquismo, por lo que con estos calores se me hace difícil, lo voy posponiendo para épocas de mayor intimidad, donde el cerebro no anda tan lento y entretenido en el vaivén de las olas, quizás en el otoño le de un buen avance.
Hace unos días empecé uno de los que había quedado pendiente del verano pasado, a pesar de que por distintas circunstancias tenía un gran interés en él, el de nuestro paisano caravaqueño Luís Leante, Mira si yo te querré, que el pasado año fue Premio Alfaguara. Ya a punto de finalizarlo y prestarselo a mi buena amiga Haru, a la que no puedo dejar a mitad de una lectura que comenzó el verano pasado (no se por que es a veces tan discreta la jodía y no me lo pide abiertamente) puedo deciros que me está encantando. De Luís Leante oí hablar hace ya unos años, un buen amigo forma parte de una pequeña editorial donde empezó a publicar en Caravaca, Ediciones Gollarín, y el me sugirió que no dejara de leer El vuelo de las termitas, pero tras una búsqueda en las librerías murcianas, sin resultado, y por no ponerle en el compromiso del regalo, hasta hoy que no lo he tenido en mis manos, espero que nuestros libreros ayuden a estas esforzadas editoras locales, donde germinan las potenciales plumas que han de nutrir la avidez de buena literatura.
Prometo seguir contando los resultados de mis aventuras del placer intelectual y espero que hagais lo propio.









lascosasdepepe dijo
estupenda lectura.....y nada de perder esos momentos.
un abrazo
que pases un buen fin de semana.
tengo que leer el de Inés.....
12 Septiembre 2008 | 07:21 PM