Estos días en que todas las noticias destacadas giran en torno a las Olimpiadas o las negociaciones del nuevo desastre en Georgia, ambas cosas importantes en su impacto social, a mi me tiene absolutamente estupefacta el caso de la agresión por intentar evitar otra agresión del admirable profesor Jesús Neira.
Es muy triste para mi poder decir en estos momentos "ya lo dije", pero desde que me enteré de esta noticia comenté que después de todo lo peor estaba por venir, cuando la agredida dijera que la cosa no había sido para tanto, cuando la acción responsable y digna de una persona que está pagando con su vida su propia conciencia cívica fuera absurdamente ensuciada por el objeto de la misma, "la supuesta" víctima.

Hace unos años fui testigo de un conato de agresión de género en la calle, en ese instante no había nadie más a mi alrededor y ante la violencia no pude por menos que increpar al agresor, mi estupor fue mayúsculo cuando la agredida arremetió contra mi gritándome como una posesa que me metiera en mis asuntos...casi avergonzada y aturdida seguí mi camino, cabilando sobre lo que no debía volver a hacer nunca más, intervenir directamente, desde entonces procuro hacer uso del movil y llamar al 112 cuando observo algo sospechoso, pero he seguido sin volver a intentar solucionar de otro modo este tipo de cuestiones. Es una verdadera pena, una verguenza, indignante para todos los que tengamos un poco de conciencia, este luctuoso asunto, desde aquí solo quisiera solidarizarme con la familia de Neira, expresar mi admiración por este ciudadano y mi pesar por las consecuencias de su noble acto.