La Coctelera

Las noches con estrellas

Entre el 11 y el 19 de agosto hemos podido disfrutar de ese espectáculo hoy extraordinario, siempre gratuito, que es observar un cielo estrellado, algo tan dificultoso de ver en nuestras latitudes.

La terraza de  la casa en Lozoya miraba al Noroeste, donde nos acomodábamos para contemplar cómo se iban apagando las últimas luces del día en aquel silencio apenas roto por algún sonido propio del entorno natural e interrumpido muy casualmente por los pocos vehículos que transitan por la zona. Sin haber desaparecido por completo los reflejos solares, ya vi el primer día una formación casi triangular de luces que lentamente, o no tanto, avanzaban hacia nuestro horizonte.

-Mira a qué velocidad nos movemos- comenté- pronto empezará a desaparecer la primera de esas estrellas.

Y así fue, en pocos minutos vimos como la cima de la montaña engullía a la primera, poco después la segunda y ya casi indiferenciable, entre ese enjambre difícil de distinguir que es el firmamento nocturno, la última. Después y por nuestro desconocimiento de los astros que nos rodean la percepción del movimiento de este planeta era prácticamente nula, por lo que nos entreteníamos, volviendo a mi remoto pasado, a buscar con avidez alguna estrella fugaz, que ahora sé que se llaman Perseidas o Lágrimas de San Lorenzo; si bien era mucho más sencillo contar los numerosos aviones circulando en dirección a Barajas o localizar, también como cuando era una cría, la trayectoria de alguno de los satélites, de los que hoy hay bastantes más que entonces.

Hace años recurría al sempiterno Diccionario Enciclopédico Ilustrado de Ramón Sopena, esos tres tochos en cartoné verde que mi padre adquirió cuando pensó que le iba a ser dificultoso responder a todas mis preguntas y que, por suerte, conservo todavía, hoy internet me facilita saciar esta curiosidad que mis hijas denominarían frikada, cada vez menos irritadas por estas cosas de su madre que van asumiendo como algo natural y poco peligroso. Pues a lo que íbamos, gracias a internet y al programa Stellarium acabo de descubrir que ese precioso trío, que nos hacía sentir el imperceptible movimiento de la enorme bola que nos sostiene en el Universo, es la temporal conjunción de los planetas Saturno, de un blanco radiante, y Marte, de envidioso amarillo, con la azulada estrella Spica, a punto de dejar de ser visto cuando nuestro astro Sol se interponga entre nosotros y Saturno con esos singulares anillos que, por supuesto, solo podemos imaginar.

Y, como digo que todo está por internet, esta es la preciosa imagen que ha colocado el Planetario de Madrid para que podamos recordarlo siempre.

A vuela pluma de unas vacaciones diferentes (III)

Por último, y os aseguro que sin intención de hacerle el juego al ministro Soria en su recomendación de no salir del territorio nacional, gracias a unos generosos y excepcionales amigos, que nos han dejado por tercer año consecutivo su casita en la sierra madrileña, hemos podido paliar los asfixiantes calores de este verano, que parece no querer acabar, en el pueblo de Lozoya, que entre otras cosas rima con joya (que os creíais que iba a decir, jeje) y realmente eso es todo el valle de este río. Unos días con auténtico sabor a vacaciones de antaño, excursiones a pie por los senderos del entorno del pantano de La Pinilla, a la sombra de sus bosquecillos de fresnos, robles, olmos,…donde la sorpresa del encuentro con los terneros y caballos en total libertad, también con algunos mastines impresionantes aunque mansos, era uno de los alicientes del paseo.

Cementerio Viejo de Lozoya.

De Lozoya a La Pinilla, de Oteruelo del Valle a la Ermita de Santa Ana, solitaria y recóndita, y de allí a Alameda del Valle y vuelta a Oteruelo a través del sendero flanqueado de pequeños huertos, para deleitarnos con la deliciosa cocina y esmerado trato de los profesionales de La Fuentada , absolutamente recomendable cualquier plato de su sencilla carta. Rascafría o un paseíto por el entorno de El Paular. Los pueblos aún más modestos y recónditos del lado Este, como el pequeño San Mamés o el imponente y poco conocido Buitrago de Lozoya, con una zona de castillo y muralla que bien merecería un esfuerzo rehabilitador de puesta en valor.

Alameda del Valle y (abajo) Oteruelo.

Desde allí recorrimos algunos pueblos segovianos próximos, Pedraza ya lo conocíamos y esta vez pasamos, como Riaza y sus pueblecicos de colores, el amarillo pirita Alquite, el precioso rojo ferroso de Villacorta y el  negro pizarra de Becerril, donde nos entristeció ver tanta desolación y abandono, la tradicional arquitectura que, por falta de medios, va siendo sustituida con materiales menos costosos por los escasos diez habitantes que se mantienen en ese inhóspito paraje ¿acaso no sería posible alguna ayuda para mantener la singularidad, que es el único valor de estos lugares?. Habría mucho que hablar de estas zonas rurales que apenas cobran vida en los meses de verano, donde se siguen manteniendo locales singulares como los teleclubs, modernizados ahora con Wi-Fi y con el almanaque de los mozos del pueblo despelotados (inenarrable el mes de agosto, fue el único que vi, pero si sirve para algo el esfuerzo de mostrar las carnes, olé sus lereles¡¡).

Casa de Becerril y (abajo) vista de Villacorta.

Mi empeño por ver los bosques de hayas más meridionales nos llevó al abrupto y maravilloso Hayedo de la Pedrosa, como dice mi muchacho: el bosque perfecto, al que sin duda he de volver para disfrutarlo en otoño, y de aquí ascendimos al puerto de la Quesera, en cuya cima se encuentran las provincias de Segovia y Guadalajara, con una elocuente pintada sobre las preferencias de algunos de estos últimos en el terreno autonómico.

El Hayedo de la Pedrosa

El último día una rápida visita al Real Sitio de La Granja, por eso de ir volviendo a la civilización de la forma más delicada, los jardines, como siempre, espectaculares aún con las fuentes en silencio ¿tan difícil es mantenerlas activas al menos en verano? Una pena no poder disfrutarlas.

Ahora sí, mejor que las palabras, las imágenes, que aburren menos.

Ha habido otras muchas cosas este verano, pero eso queda dentro de los límites de la intimidad familiar, con lo que se me ha pasado en un suspiro, aunque todavía nos queda calor y tiempo para seguir moviéndonos.

A vuela pluma de unas vacaciones diferentes (II)

Con cierto arrebato llegan nuestras verdaderas vacaciones, es el 1 de agosto y nos disponemos a zarpar, grandilocuente palabra para un pequeño barco, en nuestro velerillo. Si, antes decía que no me gusta la playa en verano, pero no puedo renunciar al mar, eso es algo que vengo haciendo desde la semana siguiente a mi nacimiento.

Cualquiera que lea esto sin conocernos pensará en el snobismo de un par de pijos, nada más lejos, os lo aseguro, en primer lugar por ser una propiedad compartida, quince días ellos y quince nosotros, que hasta ahora ha sido muy rentable, después porque son las vacaciones marineras posiblemente más espartanas y económicas que se puedan disfrutar, para mí las más divertidas, algo así como un viaje en roulotte pero sustituyendo la tierra por el agua. Todos los años, desde hace cuatro más o menos, durante unos días reducimos nuestro espacio a unos muy pocos metros sólidos y toda la inmensidad que la vista alcanza de líquido elemento, una maravilla.

Calblanque

Es chocante la cara de extrañeza de los que sistemáticamente nos preguntan “Y ¿hasta dónde llegáis?”, como si fuera lo importante recorrer muchas millas y visitar esos nombres comunes que tanto suenan de la costa mediterránea, cuando les contestamos “No vamos lejos, siempre costeando por aquí. Entre Altea y Águilas. Nos gusta aprovechar los vientos, dejarnos llevar y disfrutar de los pequeños rincones”. Lo sé, puede que no parezca una gran aventura, pero para nosotros siempre resulta excitante, apasionante, gratificante. El barco es en sí mismo una aventura, ya tiene veinte años y mucha matraca encima, nosotros somos sus cuartos propietarios y, sin ninguna duda, los que más caña le hemos dado, por lo que siempre habrá algo que se rompa o falle durante esos días. Es una nave un tanto ascética en cuanto a comodidad, siempre me sorprendo pensando con que poquísimo podemos vivir, un mínimo habitáculo para dormir y guardar las cuatro ropas de la travesía, incluidos bañadores, que es el uniforme habitual, una mínima zona de estar-cocina, que prácticamente no es utilizada (me da miedo encender el fuego de la hornilla y estar dentro de ese espacio teniendo el aire libre es absurdo), un aseo de 1 X 1 m. donde lavabo-ducha e incómodo retrete puede salvarte de algún apuro, pero no sirve para leer el periódico, os aseguro, y un espacio abierto en popa que es donde prácticamente vivimos,  lo que sería para los urbanitas una magnífica terraza con vistas. Yo le llamo el “barco sandwichero”, en alusión al ya tradicional menú de mediodía y ¿para qué más?.

A pesar de lo escueto y poco glamuroso de nuestro barquito  nos gusta recibir visitas, aprovechamos para llamar a los amigos y que nos acompañen en una de las jornadas, aunque reconozco que esto de navegar a vela no es cosa que le guste a todo el mundo, por lo que ya estamos teniendo algunos desertores que muy finamente declinan la invitación, no nos enfadamos, yo entiendo que el mareo es algo muy desagradable y que estar en algunos momentos con la tensión de los virajes, el peligro de un botavarazo en la cabeza o tener que recoger a toda prisa cabos en una trasluchada no es para todos motivo de diversión, para nosotros sí y por eso lo hacemos, pero seguiremos encantados de recibir a quien le apetezca un rato de mar y solo mar, sin ruidos ni grandes velocidades.

Cabo Tiñoso en el horizonte

La travesía tiene especialmente el aliciente del paisaje, que desde Cabo de Palos al inicio de la costa almeriense es una auténtica maravilla, supongo que bajando un poco hacia el sur también lo será, pero eso todavía no lo he probado. Después de varios intentos de descubrir los encantos de nuestro cercano norte alicantino, sin llegar a encontrarlos, hemos desistido y volvemos una y otra vez a recorrer la áspera y maravillosa costa de la cercana Cartagena, incluidas sus peculiares parajes como la Algameca Chica, el Gorguel y esas calas solo accesibles desde el mar, o la de la amplia Bahía de Mazarrón hasta llegar, pasando las preciosas calitas aguileñas, hasta San Juan de los Terreros. Un fondeo de vez en cuando, buscando algún rincón a  sotavento donde el mar este calmo, un bañito en aguas cristalinas y profundas, una siesta a la sombra o un ratico de lectura, levantando de vez en cuando la vista para disfrutar del entorno, y a seguir navegando lentamente hasta el puerto donde pasaremos la noche. Algunas veces hemos tenido la suerte de los fortuitos encuentros, el año pasado fueron abundantes, grupos de peces voladores, que mejor se podrían llamar danzantes, que parecían andar de puntillas en círculos sobre la superficie marina, algún pequeño pez espada que brincó ante nosotros y, lo más entrañable, un largo rato en compañía de un par de delfines mulares empeñados en jugar con la proa, en un a modo de corre corre que te pillo que no hubiera querido que terminara.

La Algameca Chica.

Este año, tristemente, no ha habido esos encuentros, únicamente un día, fondeados al amparo del imponente faro de Cabo de Palos, dimos de comer a unos voraces y preciosos pececillos de color azul, cuyo nombre desconozco, que acudían como palomas en un parque. La travesía también fue un poco más corta de lo previsto en principio, pertinaces y muy puñeteros vientos del sur nos impedían avanzar y, teniendo en cuenta nuestra tartana náutica, tampoco es cuestión de desafiar a los elementos, por lo que nos acomodamos en Cartagena, por cierto un tanto desmejorada con esto de la crisis, como si hubiera vuelto a tan siquiera hace unos años, cuando la zona del puerto languidecía en mortal aburrimiento, y desde allí salíamos cada día a la búsqueda de un rincón donde poder pasar el día.

En mi cada vez más ascética vida náutica este año ni tan siquiera me acorde de llevarme la cámara de fotos, da igual, esos vientos saharianos opacaban los contornos costeros y los enturbiaban con sus arenas en suspensión, pero de botón de muestra unas imágenes del pasado año, también cerca y tan felices, oiga.

A vuela pluma de unas vacaciones diferentes (I)

Realmente estas están siendo unas vacaciones diferentes a las que hemos venido planteándonos los últimos años. De normal hubiera hecho lo de siempre, instalarme a continuar con lo cotidiano en la casita de la playa, algo que ya empezaba a ponerme los pelos como escarpias de solo imaginarlo, sin querer entrar en lo que me sugiere la playa y su pulso vital, que ya está muy dicho y redicho por otros.

Sinceramente entiendo y respeto ese gusto por el veraneo playero pero, será que con los años me voy volviendo más rarita, no puedo controlar esa especie de depresión que me entra cada tarde de todos los días estivales de playa, ese mirar desde mi atalaya (mientras intento leer un rato) al personal bullicioso, rebozado en arena y sal marina, consumiendo con avidez los últimos rayos de sol e introduciéndose ruidosamente en las calmas aguas para pegarse el también último o penúltimo panzazo de la jornada y luego unas sentadillas a remojo en decibélica conversación con el vecino….que no, que he dicho que no iba a hablar de ello y punto, solo diré que espero que alguna tormentica de fin a la temporada y egoistamente, lo reconozco, así poder recuperar mi rincón de invierno.

Pues eso, que no he pisado prácticamente la playa y he buscado, ahora que por edad los tengo a todos criados y todavía no demasiado dependientes, otras cosas que hacer, algunas realmente un poco raras.

La primera y más singular, por no repetir lo de rara, fue el domingo de cuarentaymuchos grados que se nos ocurrió hacer un recorrido por la Sierra de la Pila, a la que solemos ir a andar en alguna mañana soleada de otras estaciones menos calurosas. Un poco por el toletole que se nos había metido de entrar por donde habitualmente salíamos, la zona del poblado de Sanjoy (no San Joy, como algunos dicen, que se sepa no hay santo con ese nombre y si fuera inglés sería Saint Joy, algo así como Santo Placer, Alegría o Gozo), un poco por darle un homenaje a mi matusalénico perro, a punto de cumplir su 18 cumpleaños y a saber si podrá con alguno más, puesto que él siempre nos acompañaba en estas marchas montañeras, allá que nos fuimos dispuestos a andurrear por la cara de umbría ¿umbría? por donde se suponía que tenía que estar también hacía un sol tan absolutamente cruel (esa definición con respecto a nuestro astro es totalmente de mi Sra. madre y muy acertada, por cierto) que lo de andar se quedó en un par de paraditas del coche en parajes tan desiertos que, pensamos con razón, de pasarnos algo, pongamos un probable despeñado, no nos hubieran encontrado en meses.

Mi perro, sea por la vejez o por el agobiante calor, ni dio un paso, con la boca abierta miraba al infinito secarral con sus ojillos glaucos preguntándose, de seguro, que puñetas pintábamos allí, por lo que haciendo caso a la sabiduría canina continuábamos la ruta, solo parando un poco para fotografiar ese paisaje inhóspito y deslucido o, mejor dicho, en exceso lucido y descolorido, que en otros momentos tanto nos gusta.

Sanjoy cumplía con su otrora visión de pueblo abandonado, aunque nos consta que ahora se está medio habitando, al menos algunas de sus casas se están apañando un poco, lo de rehabilitar es quizás mucho decir. De este modo atravesamos parte de la sierra para dirigirnos hacia el refugio del Pico Pelado, evocador nombre sin duda, y por ese camino infernal (con todos mis respetos) encaminados hacia la carretera de Jumilla pudimos llegar a la venta de Casablanca, donde repusimos líquidos con unas cervezas extraordinariamente frescas y algo de fuerzas poco gastadas con unos huevos fritos y patatas al montón, que por cierto sabían a gloría bendita.

Y esa fue la primera salida vacacional extraordinaria, nada del otro mundo, pero sobretodo nada recomendable en los meses de julio y agosto murcianos, por si a alguien se le ocurriera u ocurriese como plan alternativo. El siguiente capítulo será más sugerente, lo prometo.

A votar...

...después de un día en que se suponía que cada uno iba a reflexionar sobre esto del voto, sin publicidad de partidos, sin que nadie interfiriera en esos profundos pensamientos sobre lo que cada uno de los candidatos propone (¿realmente han propuesto algo serio?), hoy toca votar, al que haya decidido hacerlo, claro está.

Anoche al abrir mi correo electrónico me encuentro varios mensajes de amigos, cada uno con su sugerencia política, esto de la red tiene que cada uno es libre de mandar la publicidad del partido cuando quiera y sin control. Primero me cabreo un poco con ellos, además les contesto y les recrimino, de forma cariñosa, por supuesto, que para eso son amigos, luego pienso en lo curioso de tener amigos de tan distintas y distantes tendencias, incluidos aquellos que me invitan a una fiesta de la Asamblea de mi barrio del 15 M, coincidente con las elecciones y para amenizarme el día, si es que pienso no ejercer mi derecho a la urna. En fin, que ya casi estaba decidida a lo de la fiesta y mi ausencia al colegio electoral, era lo que me pedía el cuerpo y la cabeza desde hace tiempo, cuando esta mañana me he acordado de mi Sr. padre, al que todos los días dedico un rato de imaginaria conversación, de la ilusión que le hizo estar de presidente en una mesa en las primeras elecciones democráticas, de la importancia que le daba a poder acudir a las urnas, de como siempre nos decía que votar era un derecho y una obligación, aunque fuera por respeto y agradecimiento a aquellos que durante años estuvieron reprimidos en poder ejercer la democracia, como fue el caso de mi familia....

Será la primera vez que no irá a elegir a sus representantes en unas elecciones generales; si es que hay un más allá se que le causaría una gran tristeza ver que paso de este tema y eso es algo que no quisiera provocar, por eso, porque siempre nos decía que votáramos a quien nos diera la gana, pero que votáramos para que nuestra voz no quede muda, porque creo que si no lo hago luego no tendré derecho a quejarme de lo que se nos venga encima.

Desencantada de los políticos, aburrida de tanto mangoneo, con ganas de dar de tortas a todos o casi todos los que ocupan escaños, viven a nuestra costa y no hay forma de que realmente se preocupen por nosotros...Aún así, ME VOY A VOTAR...

La fiesta del urbanismo en Murcia 2011.

Sería bueno que esta invitación a "todos los ciudadanos interesados en participar" fuese aceptada por "todos los ciudadanos" y no cupiéramos en el Párraga, señal de que estamos interesados en participar en algo que nos afecta de lleno ¿no?

Aprovecho para un adelanto, a aquellos que no han pasado por las inmediaciones de nuestro río Segura estos días: ¿PRETENDEN DEJAR ESOS TREMENDOS Y ESPANTOSOS TUBOS A LA VISTA?.

http://www.laverdad.es/murcia/v/20111025/murcia/desembarca-tuberia-permitira-segura-20111025.html

Otra perla, y muy gorda, del verano murciano...

...el plan parcial aprobado por el Ayuntamiento en el último Pleno, que permite la construcción de hasta 1.300 viviendas, en bloques de cuatro y cinco alturas más bajo, en las faldas del Santuario de la Fuensanta, uno de los enclaves del que se sienten más orgullosos mis paisanos.

No es que sea un paisaje espectacularmente bonito, comparado con otros, claro, pero es verde y estamos acostumbrados a él, aunque ya ni tan siquiera lo podemos visualizar desde la ciudad, como cuando siendo una cría y desde mi casa del Barrio del Carmen alcanzaba a verlo sin el obstáculo de los nuevos barrios, como el de la Ronda Sur, por cierto con multitud de casas aún por vender y habitar (¿hacen falta más?); un auténtico disparate, otro nuevo atentado al patrimonio paisajístico de esta pobre Región.

HASTA DONDE VAMOS A DEPREDAR?????

Os dejo dos enlaces, el primero un poco de música antigua, de las Cantigas de Alfonso X por Paniagua, por eso de ambientar lugares relacionados con el fervor mariano:

http://www.youtube.com/watch?v=NH-SQy5YGQQ&NR=1

Y esta otra con la página de HUERMUR, donde podeis leer las noticias, incluida la convocatoria de manifestación para el próximo martes, día de la romería al santuario en cuestión:

http://www.huermur.es/web/

 

Las “perlas” regionales del verano. (II)

  El incendio que ha consumido 420 hectáreas, de las que 328 pertenecen a la Red Natura 2000 -zonas de especial protección ambiental- en las inmediaciones de Portmán y que ha afectado a la zona de la Sierra de Atamaría-Monte de las Cenizas y Peña del Aguila; todo en torno al siempre polémico trocico de playa más o menos salvaje, al menos sin la invasión constructora, de Calblanque y de la macro urbanización conocida por "La Manga Golf" (pueden ponerle Vds. mismos todos los demás nombres ingleses que la suelen acompañar).

No es el primer incendio que sufre la zona, hacer historia con esto es laaaargo y para eso están las organizaciones ecologistas, como ANSE, que continuamente levantan su voz,  clamando en este desierto que más bien parece un valle de lágrimas, al menos para los que amamos la naturaleza y sabemos diferenciar entre progreso y devastación.

http://www.asociacionanse.org/es/anse-pide-a-la-comunidad-autonoma-que-aplique-la-normativa-del-parque-regional-de-calblanque-para-recuperar-la-zona-quedama-y-luchar-contra-futuros-incendios/20110822

Desde el mar se puede apreciar como las casas del campo de golf de La Manga se  van expandiendo, cubriendo y dejando su impronta en las cimas de las colinas del abrupto paisaje entre Calblanque y Portman.

 Y es que da mucho que pensar tanto incendio en la misma zona, tanto despropósito con proyectos que maquillan como progreso, creando espectativas de trabajo (y ahora me refiero al tema Gorguel, tan cercano espacialmente al del incendio), cuando tanta falta hace realmente un plan de renovación e innovación de nuestro tejido industrial, junto con una buena carga de imaginación para no caer en temas manidos y que ya se ha comprobado que no funcionan como pretenden nuestros políticos.  En el fondo vuelve a ser más de lo mismo, ladrillo, cemento, hormigón...construcción unida a la destrucción de los parajes más hermosos, cada vez más escasos, de nuestro litoral; si hace unos años nos quedamos sin la isla de Escombreras, que ha pasado a formar parte del puerto de carga de tal nombre sin remisión, ahora le toca al Gorguel y así vamos ganando terreno hacia un norte sin idem...

http://www.laverdad.es/murcia/20110720/local/region/greenpeace-alerta-puertos-nueva-201107201356.html

 No hace falta hacer expresa referencia a ninguna "perla" en particular, cualquier declaración de intenciones puede valer.